El Ronin

El Guardián del Puente de Plata

Holmes - House

Posted on December 20, 2007 in the Blogroll category

“Todos mienten.”
- Dr. House.

“El crimen es común.
La logica es rara.”
- Sherlock Holmes

Me imagino que la mayoría de ustedes ha visto la serie de televisión Dr. House. En lo personal es una de mi series favoritas. Pero creo que para disfrutarla mejor y comprenderla, hay que conocer su origen, en qué está basada.

Muchos años atras, existió otro personaje cuya mirada podía revelar la verdad gracias a la deducción, el conocimiento y el razonamiento. Un hombre solitario que solo contaba con un amigo. Alguien que no podía soportar la mundana vida y cuyo aburrimiento lo llevó a una adicción.

Si sufres una extraña enfermedad en nuestros días, tal vez busques en el hospital Plainsboro al idiota del bastón que resolverá el misterio aunque nunca lo veas. Pero, si en el pasado tu problema era más del estilo policiaco y criminal, tus pasos terminarán llevandote sin duda al No. 221B, Baker Street. Ahí dentro, serás conducido a una sala donde dos hombres esperarán tu llegada. Uno de mirada curiosa y bastón en mano, el otro de ojos avisados, frente prominente y un conocimiento de tu persona que jamás hubieras imaginado. No, no se tratan del Dr. Gregory House y el Dr. Wilson, sino del detective privado Sherlock Holmes y el Dr. Watson.

Las coincidencias entre ambos dejan claro que de hecho no son coincidencias, sino que se trata de un genuino homenaje a uno de los personajes más iconicos de la literatura inglesa. Permitanme ahora hacer un breve recuento de los puntos de coincidencia que comparten ambas obras.

Nombres:
Lo primero es muy fácil en verdad. House-Holmes, Watson-Wilson. Esto explica el porque del apellido tan particular de House, y porque el simbolo del programa es la H. Ahora, en lugar de que sólo Watson fuera medico, ambos lo son. No me sorprendería que de hecho, Watson haya sido la inspiración para la idea original del progama.

Tecnicas y personalidad:
House y Holmes manejan sus casos de maneras sumamente parecidas, salvo por pequeños detalles. Ambos usan información que para otros parecería irrelevante, creando un tren de razonamiento que los lleva a una conclusión logica. Para los dos, los casos llegan a ellos, no los buscan, salvo, nuevamente, unas cuantas exepciones. Por supuesto, House evita en lo posible ver a sus pacientes, mientras que Holmes siempre viajaba al lugar de los hechos. Pero para este proposito, House tiene a sus tres ayudantes. Hay que mencionar que Holmes también tenía unos cuantos ayudantes. Vagabundos que le servían de vigilantes o mensajeros. Ahora, hablando de personalidades, Holmes, en sus primeras historias tenía una personalidad bastante pedante, muy parecida a la de House. Ambos, House y Holmes son solitarios. Sólo parecen tener un amigo )Watson y Wilson, respectivamente) y sus relaciones amorosas son casi inexistentes (en el caso de Holmes, hasta donde sé, lo son).

La adicción:
House desarrolló su adicción al Vicodin debido a su pierna. Holmes, y esto es algo probablemente pocos saben, también era adicto a la cocaina. Su adicción era debido al aburrimiento que sufría cuando no estaba metido en un caso. Así de grave era, que entre caso y caso, si nada lograba distraerlo, su unica salida era dosis. Ahora, curiosamente, Watson conoce a Holmes despues de retirarse de una de las primeras guerras en Afganistan debido a una herida en su pierna. Esto lo lleva a usar un bastón y tener un movimiento limitado durante las primeras historias. ¿Se les hace conocido este detalle?

¿Aún creen que son locuras mías? Bueno, la misma serie ha presentado una prueba de lo que digo. Durante uno de los últimos capitulos de la tercera temporada, House va a una tienda a comprar un bastón nuevo. Mientras que espera la llegada de Wilson, toma una pipa muy particular y se la prueba. Por un momento da su perfil con la pipa en la boca, siendo un homenaje claro al personaje que sin duda, inspiró este exito de la televisión.

Ahora, ¿es malo esto? por supuesto que no. Recuerden, no hay nada nuevo bajo el sol. Sólo nuevas formas de verlo. Pero se pueden disfrutar mejor si comprendemos de donde vienen.

Aqui hay un dibujo de House y Holmes que tal vez quieran ver: http://el-ronin.deviantart.com/art/House-and-Holmes-72575004

La Hechicera, versión de concurso

Posted on November 13, 2007 in the La Hechicera, Narraciones del Ronin; cuentos cortos. category

Memorias de un sobreviviente.

Un enorme ejército salió a enfrentar a la hechicera y sólo yo regresé vivo.
Vivo, pero no del todo sano.

Cada noche despierto en mi cama temblando, aún con pesadillas de fuego y monstruos en mis ojos. Despierto no únicamente con la tristeza de la derrota absoluta, con ira por una venganza que nunca alcanzaré, sino también con el remordimiento de haber sobrevivido mientras veía a mis compañeros incendiarse y calcinarse hasta los huesos.

Todos creíamos saber a qué nos enfrentábamos; todos estábamos dispuestos a morir con tal de derrotar a la hechicera, con la esperanza de que nuestra gente durmiera en paz, aliviada de la sombra de aquella torre de zafiro, de la tiránica presencia de un ser que ignoraba alianza alguna con los hombres y sus reinos. Ahora me doy cuenta que debimos dejarla en paz, que el cobijo de la esperanza es mejor que la muerte y la destrucción segura. Pero no era así como pensaban nuestros soberanos, como ninguno de nosotros pensaba. Aliado o enemigo. Ya había devastado un reino antes, usándolo como los cimientos de su torre y, los cuerpos de las personas, como abono para los enormes bosques y praderas que conformaban su hogar. Aliado o enemigo. El deseo de tan esplendoroso reino, el temor de seguir el destino de los derrotados, la desconfianza hacía la indiferencia de la mujer de ojos verdes y cabello rojo.

Aliado o enemigo. Malditos sean nuestros dioses, malditos seamos nosotros… debimos quedarnos como extraños.

Pero no fue así y nuestra propia mano nos arrojó al horno. Los autodenominados sabios se reunieron, los generales organizaron a sus tropas. Yo mismo entrené a mis soldados, confiado en que no menospreciábamos su poder, que no se cometerían los mismos errores que nuestros predecesores. Caballería, arqueros, catapultas, ballestas, numerosas legiones de guerreros listos para la lucha. Los planes eran perfectos, el intento fue fútil. Todos ellos murieron como hormigas bajo el dedo cruel de un niño. Faltaba una jornada más de camino y estaríamos en la torre de la hechicera, un día más y pelearíamos en su territorio. Pero ella no lo quiso así.

Quisiera olvidarlo, pero no puedo. Cierro mis ojos y puedo verlos; mis hombres, nuestro ejército. Arrogantes como robles, imbatibles como montañas. Recuerdo incluso a los más jóvenes, con la mirada clara y valerosa, orgullosos de pelear codo a codo con los veteranos y héroes. De entre todos, unos ojos azules como el trueno, deseosos de combatir. Solo volvería a ver esos ojos una vez más. Las unidades dispuestas, las miradas desafiantes. Yo, un capitán arrogante y veterano; nuestra gente, fuerte y curtida en la batalla. ¿Cómo saber que antes de que el sol se terminara de levantar ese día, todas esas caras familiares convertirían aquella llanura en un enorme cementerio?

Esa mañana, ella apareció fuera de sus terrenos, como si no mereciéramos morir en su propiedad. Todos la vimos en lo alto de una colina. El día era claro y la distinguimos a la perfección entre el paisaje montañoso y su torre azul en la lejanía. Una hermosa figura solitaria frente a un enorme ejército. Eso era exactamente lo que ella quería. Tal como se nos había entrenado, nos preparamos para enfrentarla sin darle tiempo de hacer algo. Sólo tardamos cinco segundos en desenfundar las espadas, montar en los caballos, tensar los arcos, cargar contra ella. Fueron cinco segundos demasiado tarde.

En ese breve lapso de tiempo ella nos habló. Pero no habló con su boca sino con su mente, y supe por el rostro de mis compañeros que todos la estábamos escuchando. Su voz era suave, tranquila, incluso hermosa, pero llena de arrogancia y poder. Si otras hubieran sido sus palabras, seguro que todos habríamos caído rendidos a sus pies.
Pero otras fueron sus palabras:

- Siento tanta lástima por ustedes, con sus frágiles armaduras, sus espadas sin filo, sus débiles arcos, sus lentos caballos, su miedo disfrazado de valor. Les daré una muerte rápida, pero me temo que no exenta de dolor.

Ella levantó su báculo, un objeto con diversas joyas y runas extrañas, coronado por la figura de una gárgola, como si un dragón se posara en una torre. Lo levantó alto hacia la bóveda celeste, las joyas del artefacto brillando como soles en miniatura y, junto con él, su propia voz, una tempestad que no rugía en nuestros oídos sino en nuestros corazones. Ya fuera el encanto de su voz, el aterrador espectáculo o nuestro propio valor el que nos fallo, todos nosotros nos quedamos petrificados mientras ella hacía su conjuro. Pudo durar mil años, y nadie en todo el ejército hubiera levantado una sola mano. Unos versos se crearon mencionando ese día, escritos después de que la noticia de la derrota llegara a todos los reinos del mundo:

¿Dónde estaba la flecha que la silenciaría? Descansaba inútil en el carcaj del cobarde.
¿Por qué no llegaba el trueno de los cascos cabalgando contra ella? Estaban los dos quietos, caballo y caballero juntos en su terror.
¿Qué sucedía con la brillante hoja de la espada, aquella que debía cortar la carne de la bruja? No se movía de la mano inerte del soldado perplejo.
¿Y mi propio valor y coraje? ¿Por qué habían huido cuando más los necesitaba?
¿Por qué nuestro cuerno calla? ¿Por qué ella sigue cantando?
En un sueño he caído y el arrullo de fuego me sigue consumiendo ¿Por qué?

No lo supe entonces y no lo sé ahora. Sólo sé que nadie detuvo el ritual de aquella mujer. Nada impidió que la muerte respondiera a su llamado.

Tras unas extrañas palabras que en algún tiempo oscuro y peligroso pudieron ser un lenguaje, ellos llegaron. El cielo se oscureció mientras era lacerado por runas llameantes, el viento crujió y se desgarró y una inmensa bestia, de alas membranosas, cuerpo de reptil y aliento de fuego descendió desde las estrellas y se interpuso entre nosotros y la hechicera. Cuánta mentira había en los dibujos del pasado, cuan muertos eran esos trazos comparados al coloso, al protector de aquella mujer. Él, ello, eso, la criatura nos miraba, desafiándonos a dar un solo paso al frente. Solitario. Arrogante.

Un solo dragón y una hechicera contra un ejército de miles de guerreros, catapultas y ballestas. Y pensar que aun en ese momento creímos que podríamos ganar. No sé como pudimos ser tan soberbios y tan inocentes a la vez. Pero lo fuimos y aceptamos su reto. Finalmente las trompetas sonaron y las flechas silbaron por el cielo. Lo herimos, pero no lo matamos. El dragón voló directo hacia nosotros, calcinó la primera línea de una sola llamarada de su terrible boca, mientras retomaba altura para alcanzar a las ballestas que lo acribillaban. De haber sido sólo él, tal vez hubiéramos podido hacer algo.

Pero la hechicera levantó nuevamente su báculo y los cielos volvieron a rugir, y un segundo dragón apareció. Esto nos condenó a todos. Dos dragones eran demasiado. No hubo forma de hacerles frente. Las flechas se quebraban, los escudos se partían. Los gritos de los hombres se unieron al crepitar de la llamas, las armaduras quemaron a sus dueños, los colmillos y las garras destrozaron y devoraron. Todos aquellos a quienes llamé hermanos morían a mí alrededor. Vi sus rostros que una vez me miraron con lealtad y confianza desfigurarse en la agonía del fuego o bajo la implacable mordida de una bestia infernal.

Sólo mis palabras de aliento los mantenían en la lucha, buscando la siguiente flecha, esperando la siguiente estocada. Gritábamos y peleábamos con todo lo que nuestro ser nos permitía. Nuestras gargantas se desgarraron en cantos de guerra y desafío, nuestras espadas, lanzas y flechas silbaban por el aire buscando un objetivo. Nunca vi desplegada de mi gente tanta furia, tanta desesperación. Se sabían derrotados, pero no se rendían, yo no dejé que se rindieran. Ahora veo claramente que fui yo el verdugo de aquellos valientes que lucharon hasta el final, yo y no los dragones ni la hechicera quien convirtió a tantas mujeres en viudas y a tantos niños en huérfanos. ¿Por qué estoy yo aquí, en una cabaña fría y olvidada, pero vivo, cuando tantos sucumbieron ese día? Debí unirme a mis hermanos en la oscuridad de la muerte, más no tuve tal misericordia. Mi verdadero castigo llegó bajo el peso de un caballo que uno de los dragones había capturado y luego soltó encima de mi grupo. Traté de mantenerme despierto, traté de levantarme y volver a luchar. Traté, pero me fue imposible. Iba a dejarme llevar por el olvido, pero algo me hizo mantenerme despierto.

Un rayo de esperanza, una posibilidad. Antes de caer inconsciente vi a un joven guerrero, un suicida. Nunca olvidaré su rostro armado con un coraje que ya no conoceré. Su nombre era Deandre y no tenía más de dieciséis años. Era el dueño de los ojos azules, y estos no habían perdido su coraje. Soportó las murallas de fuego, cruzó por el campo lleno de los cuerpos negros de nuestros compañeros y alcanzó a la hechicera en la colina. Su cuerpo estaba quemado, su armadura ya no existía. Solitario enfrentó con una espada de infantería a la mujer que estaba devastando a todo nuestro ejército. El azul desafió al verde, la espada a la hechicería. Era rápido y con una técnica superior a su edad, cada golpe un grito de ira y venganza por los hombres derrotados a sus espaldas.

Por un momento creí que al menos la misión se cumpliría, que ese muchacho lograría lo imposible, lo que cientos de espadas no habían podido hacer. Pero nuevamente la realidad sobrepasó mi ingenuidad. La hechicera peleó como el mejor de nuestros soldados, y aun mejor, usando su báculo que en el otro extremo contenía una hoja como lanza, con una maestría que no creo que pueda conseguirse en una sola vida. Con ella atravesó fácilmente el corazón de aquel valiente e ingenuo guerrero, muriendo con él todas mis esperanzas. Así terminó nuestra cruzada. Dos mil quinientas espadas cayeron ese día.

En el abismo de la inconciencia, escuché la voz de la hechicera, grabando en mi mente su nombre y un mensaje:

“Vive. Regresa. Cuenta. Cuenta lo que ha pasado hoy. Diles a aquellos que se llaman reyes que con la sangre de sus súbditos han pagado el insulto de atacarme. Diles que no vengan a mí a menos que yo los convoque. Diles. Diles que no teman por sus pequeños reinos, que mi propósito es mucho mayor, que tardarán generaciones en comprender mi llegada y mis acciones. Diles. Diles. Diles que no soy yo quien codicia sus vidas.”

Mis costillas se rompieron, mis piernas nunca me volvieron sostener. Desperté a las puertas de nuestro castillo, único testigo y mensajero de la cruzada. No tuve la muerte de un guerrero, junto con mis compañeros en el campo de batalla, sino una vida de inválido, justa penitencia por los hombres que conduje a la muerte. Lo único que puedo hacer por la memoria de los caídos son estas palabras, aquí, sentado en una silla que se ha vuelta toda mi vida después de esa batalla. Después de cincuenta años. Cincuenta años de pesadillas de fuego y ojos verdes. Los ojos de la hechicera, brillantes en mi mente, asegurándose que nunca olvide su mensaje, aunque lo haya entregado hace ya tanto tiempo. Estoy aquí, sentado, recordando a pesar de que cada palabra consume una parte de mi ser. Pero lo hago. Lo hago por mis hombres, lo hago por mi reino. Los hago con la esperanza de que los errores del pasado no vuelvan a cobrar vidas y para advertir acerca del inmenso poder de aquella llamada Ishla, la Maestra Hechicera de Dragones.

Terminando

Posted on September 2, 2007 in the Nuevas del Narrador. category

Me disculpo por todo este tiempo en que no he subido nada. Para este momento, debería de estar presentando la historia de “El Coyote y El Extraño”. Me temo que hay buenas razones para que retrase este hecho un poco más. Primero, me gustaría darle una buena revisada a este cuento antes de subirlo. Una buena editada para dejarlo aun mejor. Sin embargo, me temo que no estoy en este momento en condiciones de hacerlo. Estoy haciendo mi tesis, de hecho, la estoy terminando, y por ahora eso me ocupa mucha de mi atención. Quiero enfocarme del todo en ella para poder terminarla pronto y despues dedicarme tranquilamente ya no solo a editar los cuentos, sino también a crear las continuaciones de los viejos. Denme un poco más de tiempo. Pronto, continuaremos con Ishla y todos los demás.

Por lo pronto, no olviden visitar mi espacio en DeviantART, donde he podido subir mis viejos dibujos uno tras otro. Les aseguro que no los decepcionará. Creo que no se puede comentar ahí si no eres miembro, pero si quieren comentar alguno de los dibujos, agreguen el link a un comentario de una entrada de aqui.

Cuidense y los veo pronto, espero.

keep trying »